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Algunos síndromes de…

17 Apr

El venezolano. Hablo del venezolano porque soy venezolana, aunque seguramente esto podría aplicarse a otras culturas latinoamericanas. Desde pequeños a nosotros nos educan para “no dejarnos joder” y desde que aprendemos a dar nuestros primeros pasos, eso se traduce en que quienes están a nuestro cargo se toman sobre sí la responsabilidad de enseñarnos a “defendernos solos” para que nos respeten; pero usualmente esos mecanismos de defensa siempre implican algún elemento de violencia y en ninguna parte del proceso de aprendizaje nos enseñan que la agresividad no conduce a nada positivo.

Así pues ya cuando empezamos en la guardería y en el pre-escolar o maternal; como le quieran llamar, aprendemos a tempranísima edad a devolver pellizcos y golpes, a hacer maldades, a insultar; y nuestros orondos padres, incluso en ocasiones, nos incitan a ello en su afán de evitar que seamos víctimas de la sociedad. Aún si por naturaleza somos buenos, rápidamente aprendemos que si no respondemos a la violencia con más violencia o si simplemente no respondemos, seremos no sólo las víctimas de maltratos físicos o verbales y el blanco de burla de todos; sino también etiquetados como pendejos, gafos, gallos, quedados, ahuevoneados u otros afines.

Este es el denominado “síndrome de viveza criolla” y a veces lo tenemos tan arraigado que no distingue vínculos de consanguinidad ni parentesco. La viveza criolla es más fuerte que nosotros en básicamente cualquier ámbito; y si somos así hasta con nuestra propia familia; no hay que ser una lumbrera para deducir que somos aún peores con los desconocidos y por eso vivimos en un país en el que –por ejemplo- no respetamos los semáforos porque queremos pasar primero, nos coleamos pero armamos peo si otros se nos colean, manejamos por el hombrillo y no respetamos los canales porque andamos apurados, etc.

Ejemplo – Síndrome de viveza criolla

Cuando tenía unos 8 años recuerdo vívidamente unas navidades en las que celebrando la Nochebuena en casa de mis abuelos, a mi hermano menor y a un primito de su misma edad (unos 5 años) les regalaron un carrito bastante similar a éste. Los carajitos andaban felices con el regalo aunque uno de los carritos vino con el volante fuera; era una pieza que afortunadamente se podía volver a encajar pero sin embargo cuando mi tía vio que el carro de su hijo tenía una pieza “rota”, lo que ella hizo fue quitarle a mi hermano su carrito que sí estaba completo (era igualito pero de otro color), y le dio el “roto” a mi hermanito.

Ningún adulto presenció esto más que yo, la niña de 8 años que 20 años después aún recuerda ese momento como si hubiese ocurrido ayer y que sigue sin comprender cómo una tía mía pudo hacer algo semejante. Lo mejor para su hijo y a los demás que nos den; le importó tres pepinos joder a su sobrinito de 5 años y con su actitud el aprendizaje que le quedó a su hijo fue algo como “quítale los juguetes a otros niños si los tuyos están rotos”; 20 puntos doctorcita! Llegaron los vivos!

Luego no entendemos por qué en otros países nos discriminan, por qué tenemos fama de flojos –o simplemente mala fama- y encima nos ofendemos cuando somos rechazados por el simple hecho de tener una determinada nacionalidad sin que se nos dé siquiera la oportunidad de demostrar NADA. Pero en su mayoría este duro resultado sólo lo hemos vivido los que hemos tenido q emigrar de nuestro país; nosotros mismos nos hemos hundido en la mierda siendo quienes somos y como somos y luego fuera las pasamos putas para que apenas nos den aunque sea el chance de demostrar que no todos somos iguales o que merecemos un lugar dentro de otra sociedad.

Pero quienes no han emigrado y sólo están de vacaciones en “El Imperio”, en “los Madriz” o simplemente en el extranjero entonces sufren el “síndrome de fachada apátrida” y esto significa que se comportan como todos unos ciudadanos ejemplares y no sólo respetan las calles, la gente y las normas de los lugares que visitan; sino que también se aseguran de demostrar siempre que puedan que los venezolanos “somos arrechos” [ser arrecho puede traducirse en hablar idiomas, conocer al dedillo el lugar que se visita, etc.]

Así pues, nunca verán a un venezolano tirar basura en las calles de París, ni beber alcohol mientras maneja en Miami, ni comerse un semáforo en Londres, ni sobornar a un policía en Roma, ni manejar por el hombrillo en Berlín. El venezolano cuando está fuera se sabe comportar, aunque esto no significa que no siga aplicando la viveza criolla cuando puede y saberse comportar fuera tampoco debería ser motivo de orgullo; a mí me parece absurdo e ilógico respetar a los países extranjeros y no ser capaces de respetar el nuestro porque siendo realistas; no respetar a Venezuela es no respetar al venezolano; y no respetar al venezolano es no respetarnos a nosotros mismos; es escupir para arriba como si la saliva no nos fuese a caer encima. El trabajo tiene que empezar en casa.

Me fastidia que somos criados de forma tal que es como si necesitásemos constantemente algún tipo de vigilancia; como en nuestro país hay impunidad total y nadie nos vigila ni ejecuta las leyes, entonces hacemos literalmente LO QUE NOS DA LA GANA porque no conocemos el significado de la palabra autocontrol; pero como sabemos que fuera no nos podemos dar ese lujo porque si lo hacemos NOS JODEN, entonces nos comportamos y además nos dedicamos a dárnosla de la gran vaina.

Lo peor es que cuando tomamos conciencia de esto, nos negamos a cambiar porque creemos que si sólo nosotros lo hacemos, entonces pecaremos de ser víctimas de los que sufren el primer síndrome que mencioné y los vivos acabarían con nosotros. Como todos tenemos esa actitud todo sigue igual, pero si todos comenzásemos a cambiar entonces tal vez el efecto dominó jugaría a nuestro favor y nos convertiríamos en una sociedad más digna…

Ejemplo – Síndrome de fachada apátrida

 Aunque aquí no se me ha ocurrido ningún ejemplo personal qué poner, sí puedo mencionar el de todos aquellos venezolanos íntegros que han ido de vacaciones a cualquier país extranjero, que han vuelto a Venezuela contando cómo les fue “de pinga” y que años después se han mudado a esos países pero al tiempo se han devuelto a Venezuela.

Muchos dirán que se les acabó el dinero (porque afuera a lo mejor pueden robar pero no como en Venezuela), que no pudieron con el idioma (porque es más fácil decir “carro, computadora, parrilla y celular” que aprender a decir “coche, ordenador, barbacoa y móvil”), que no había trabajo (porque afuera tienen que echarle bolas para pasar un proceso de selección en regla en vez de entrar por palanca), que la cosa no estaba fácil (palabra clave “fácil” porque afuera no pueden hacer marramusias ni guisar) o que el costo de vida era muy caro (porque afuera no pueden comprar libros, CD’s y Wii’s pirateadas ni robar DirecTV ni pagarle a “gestores” para que nos hagan trámites pagándoles bajo cuerda, ni tener a una cachifa que nos limpie la mierda todo el día).

Por supuesto ninguno dirá que es que fueron ellos los que fracasaron pero no por las condiciones de fuera sino porque los países extranjeros son de pinga para visitar pero que para vivir en ellos hay que echarle mucha bola, hacer grandes sacrificios y pasar bastante roncha y el venezolano es demasiado sifrino como para calarse eso. Ninguno dirá que es que no logró adaptarse al hecho de que en otros países las leyes se respeten y uno tenga que salir adelante y surgir por sus propios medios y no haciendo uso de palancas, contactos, sobornos y atajos. Ninguno dirá que la fachada apátrida se le cayó cuando se dio cuenta de que para vivir fuera no te las puedes dar de arrecho sino que tienes que serlo.

Finalmente están todos aquellos venezolanos que no son capaces de asumir su barranco y sufren del “síndrome de o morimos todos o matamos a la puta”. Esto significa que no somos gente sincera ni responsable; no, no…. Nos las damos de arrechos pero cuando llega la hora de asumir las consecuencias de nuestros actos, entonces pretendemos disfrutar de la solidaridad colectiva que otros compatriotas puedan brindarnos pero no precisamente porque apoyen nuestra causa sino porque si no lo hacen nos aseguraremos de joderlos y hacerles la vida de cuadritos por su traición.

Yo me pregunto ¿por qué carajo tiene uno que comerse un marrón, mamarse un chaparro, calarse un peo o en términos más simples, cargar con la culpa y la responsabilidad de algo que uno no hizo? Yo estoy de acuerdo en que hay que ser solidarios siempre que uno se sienta identificado con las circunstancias de otros y tengo claro que en la unión está la fuerza; pero lo que no soporto es tener que verme arrastrada al matadero cual borrego, sólo porque a algún mamahuevo se le antojó hacerse el gracioso o meter la gran cagada y luego no tiene las mismas bolas para asumir su barranco.

Es la típica y lamentable mentalidad del venezolano que piensa que es preferible que estemos todos jodidos a que esté jodido uno (o él) sólo.

Ejemplo – Síndrome de o morimos todos o matamos a la puta

Cuando tenía unos 14 años recuerdo que una vez en el colegio volvíamos del receso cuando un grupo de compañeras decidió dejar a una de ellas por fuera del salón de clases. Cerraron la puerta con llave y el timbre sonó; estábamos a la espera de que viniera el profesor o la monja que tenía que impartirnos la siguiente hora lectiva, pero ya a la compañera que se quedó por fuera la habían sancionado varias veces por andar por los pasillos del colegio en horas de clase, así que en su desespero de que no la pillaran en lo mismo otra vez, la chama empezó a darle golpes a la puerta del salón con tanta fuerza que rompió el cristal.

Tuvo tiempo suficiente de entrar, sentarse en su pupitre y rogarnos -más bien arrodillarse a suplicarnos- que no dijésemos nada para que no la expulsaran. A los dos minutos llegó la directora del colegio e hizo las preguntas de rigor; quién fue, qué paso, etc. Nadie dijo nada y dado que las amenazas de escarmiento no funcionaron, nos hicieron firmar “el libro de vida” a todo el salón; el libro más temido del colegio porque cualquiera que acumulase 3 firmas en él, sería expulsado.

Así pues, todos pagamos los platos rotos de aquello, que no es por ser rata porque de hecho le tengo mucho aprecio a esa caraja y porque además en esa ocasión particular fueron las otras ratas las que la metieron en peo, pero ¿qué coño culpa tenía yo de que ella estuviese metida en peo todo el tiempo y de que para que a ella no se le jodiera el expediente tuviese yo que joder el mío? Por supuesto que una firma en un pocotón de expedientes impecables no nos iba a hacer daño a ninguno, pero no dejo de preguntarme ¿por qué carajo tuve yo que pagar por eso cuando toda mi vida colegial me estuve conteniendo de hacer ratadas y comportándome para no tener peos como para luego haber tenido que firmar el maldito libro por una mariquera en la que yo no participé?


Estos son tan sólo algunos pequeñísimos ejemplos de lo que se vive en Venezuela, de lo que somos, de los comportamientos que nos definen, de los lemas que rigen nuestras vidas y de las cosas que nos hunden y nos hacen seguir siendo un país subdesarrollado opacando todas las demás cosas positivas que tenemos. Estoy segurísima de que a todos los venezolanos les son familiares los síndromes que aquí menciono, que me los he inventado yo, pero que de hecho existen y que además TODOS los venezolanos sufrimos (si no los tres, por lo menos uno de ellos!)

 
1 Comment

Posted by on April 17, 2011 in claro y raspao

 

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One response to “Algunos síndromes de…

  1. klau16

    September 11, 2011 at 20:13

    Joder! Es verdad yo que ando entre las dos culturas y a veces entre otras, en esto tienes la razon nos portamos como si fueramos angeles en el pais que no es nuestro y a Venezuela la jodemos porque es mas facil

     

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