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Mickeys in the sky…

08 Mar

Como cada año durante estas fechas, el 05 recordé su cumpleaños y aunque me hubiese gustado publicar esto entonces, como he comentado ya varias veces en los últimos días, desde que me mudé (aún) estoy sin Internet. Hace ya unos 3 años desde que nos peleamos, pero a pesar del tiempo reconozco que en momentos como éste se me hace inevitable tomarme un tiempo para escribir sobre ello (esta es mi forma de decir que no puedo evitar pensar en ella).

Tras mi descarga del año pasado en un post que no sé si alguna vez me enorgulleceré o arrepentiré de haber escrito, a finales de Octubre de 2010 me decidí a pedirle perdón (por todo y cualesquiera que hubiese(n) sido la(s) ofensa(s) procuradas). En aquellos días me encontraba de algún modo envuelta bajo el manto de mi parte más espiritual y entre cosas que me habían sucedido y cosas que había leído (relacionados también con el Ho’oponopon), entendí que una de las reglas de la vida es pedir perdón cuando hemos ofendido a alguien.

 

No quería darle más vueltas y largas al asunto; a la final dejaron de importarme los motivos (para pedir perdón), las culpas (por lo que sucedió) y quién tenía la razón (como para decidir que ya no podíamos, debíamos o queríamos ser amigas) y cual archivo de .gif a un .jpg me dije a mí misma: anímate! La actitud de “si está enfadada es su problema, tiene doble trabajo y ya se le pasará” nunca llegó a resolver aquello; entonces pensé que si no era cuestión de orgullo (para mí, anyway) no tenía nada que perder con intentarlo.

Pedir perdón no me haría más pobre, así como no me haría tampoco más rica el no pretenderlo, pero como quise evitar los malos entendidos que se habían presentado en el pasado cada vez que me animé a redactar un e-mail (al menos aprendí una lección); preferí en lugar de eso grabar un mensaje de voz que le hice llegar apresuradamente.

Aceptó mi mensaje de disculpas después de tomarse su tiempo; pasaron unos días y retomamos las conversaciones por chat a muy larga distancia. Incluso una vez llegó a pedirme el teléfono, pero un par de meses después descubrí que ya no formaba parte de mi libreta de contactos y como en alguna ocasión el CrazeBerry ya me había jugado malas pasadas sin saber cómo o por qué, no me di mala vida y simplemente le solicité (inocentemente) de nuevo.

Su respuesta fue rotunda; no me aceptó y nunca supe el motivo. Quizás es porque sigue esperando algo de mí que no le puedo ofrecer; o acaso porque se ha dado cuenta de que ya no soy la misma (y le es imposible aceptarme), tal vez porque ha descubierto que ya no tenemos cosas en común o a lo mejor porque ya consiguió lo que quería. Posiblemente también porque no sabe que amistad es comprender y no necesariamente estar de acuerdo.

En el fondo yo no pretendo entenderlo; ni si quiera intento hacerlo. Me conformo con aceptarlo y respetarlo y además tengo claro que no voy a preocuparme más por eso ni seguir arrastrando este lastre. Voy a cerrar el proceso, pasar la página y continuar adelante porque definitivamente hay cosas en la vida que no tienen arreglo y de nada sirve seguir intentándolo con alguien que sencillamente nunca me va a perdonar y que nunca lo va a olvidar (como quienes dicen que es porque no son Dios ni sufren de alzheimer…)

No sé si le seguiré pensando o si seguiré escribiendo sobre ella o sobre lo que ocurrió ni cuándo lo superaré del todo; pero al menos que este blog sea testigo de que de veras lo intenté.

¡Te quiero hermanita, aalí va el confetti para celebrarlo!

 
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Posted by on March 8, 2011 in días como hoy

 

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