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Promesa de San Valentín

17 Feb

Sé que la fecha ya ha pasado pero hoy no vengo con una historia de enamorados propiamente dicha, aunque sí una que podría considerarse de amor propio si tenemos en cuenta que la única persona que puede salvarnos de nuestros vicios somos nosotros mismos y si consideramos que si nosotros no nos queremos lo suficiente nadie más tendría por qué tener buenas razones para hacerlo.

 

Una de las cosas a las que más me ha costado adaptarme desde que mantengo una relación sentimental con mi pareja es a su afición por el cigarrillo; a su favor tengo que decir que ha disminuido la frecuencia con la que fuma desde que está conmigo y en una ocasión incluso intentó dejarlo (aunque sólo aguantó un día), pero según explican los fumadores que lo han dejado, renunciar al cigarrillo es una tarea muy difícil de cumplir (tal y como podría ser para un alcohólico dejar la bebida o para un enviciado de las apuestas dejar de jugar) y por eso he intentado aceptarlo sin presionarlo aunque por supuesto no es una situación ideal para ninguno de los dos.

 

Respecto a este tema he intentado ser comprensiva y sobretodo compasiva aunque no puedo evitar hacer campaña anti-tabaco cada vez que se me da la ocasión, no sólo porque me importa la salud del afectado sino especialmente porque me importa la mía. Tras aceptar que no podía cambiar su decisión voluntaria de matarse lentamente, lo que nunca he aceptado es tener que sufrir yo las consecuencias de eso; de cierto modo los daños colaterales los sufro yo porque el humo del tabaco entra hasta por los poros y no hay nada más desagradable que el olor a cigarro pegado a la ropa y que besar unos labios que -lo acepten o no- quedan impregnados con ese olor incluso después del cepillado.

 

Él ha hecho su parte para intentar molestarme lo menos posible, fuma fuera de la casa, sólo unos 3 o 4 tabacos al día (excepto en eventos sociales en lo que suele fumar más) y procura cepillarse después de cada cigarrillo. No fuma en el coche mientras voy con él pero sigue fumando y para una persona a la que le desagrada tanto el cigarro como a mí, en momentos continúa siendo molesto que fume proque él no se da cuenta de la pestilencia pero yo sí. Supongo que para él también es molesto no poder fumar más o dentro de casa; hace unas semanas me comentó algo sobre unos cigarrillos electrónicos que podrían ser una solución para ambos, pero yo seguí reticente ala idea.

 

En alguna ocasión he tenido que pedirle que se aleje o he tenido que alejarme yo misma y en alguna ocasión he tenido que rechazar alguna invitación a reunirme con sus amigos porque aquellos sí que no tienen consideración alguna y para salir a pasarlo mal, prefiero quedarme en casa. Se supone que la ley anti-tabaco de este año debe resolver el problema al menos en los espacios cerrados, aunque no he estado fuera lo suficiente como para saber si se está cumpliendo; pero a mí lo que me sigue preocupando es que él fume.

 

Sorprendentemente la noche de San Valentín (Además de dedicarme la canción “Mi Bendición” de Juan Luis Guerra) me dijo que me tenía una buena noticia a lo que agregó que me la quería decir para que para que yo también lo ayude con eso aunque en ese punto sin dejar que prosiguiera lo detuve a decirle que no me hacía gracia que siempre me pusiera en el papel de vigilante mete-presión a lo que el respondió que entonces no lo asumiera.

 

Dicho eso soltó la perla:

 

-“Cuando nazca el sobrino voy a dejar de fumar”

-“¿Y eso? ¿Estás seguro?” le dije yo,

-“sí, es una buena razón”, respondió.

-“Bueno, yo confío en ti, pero ya una vez confié en ti y no aguantaste ni un día”, añadí.

-“Lo quiero volver a intentar”

“Pero tienes que hacerlo por ti, no por el sobrino

-“Ya lo sé pero quizás eso me ayude”

 

En fin, que él y yo sabemos que no lo ha dejado porque no quiere porque yo sí confío en que si quisiera encontraría suficiente fuerza de voluntad para dejarlo, pero ya veremos qué sucede. Claro que yo (y mi futuro sobrino) se lo agradeceremos enormemente, pero más allá de eso su salud lo agradecerá también, aunque a veces me temo que ya el mal esté hecho.

Muchas veces me han dicho que soy una mujer de poca fe, pero en esto tengo que tener toda la fe del mundo porque sería maravilloso que mi pareja dejase el cigarrillo!

 
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Posted by on February 17, 2011 in estamos mal pero vamos bien

 

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