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Todo es perfecto

23 Jan

El traslado significó una oportunidad para comenzar de nuevo en una página en blanco y escribir una historia con nuestros propios matices. Aunque el piso estaba amoblado había algunos rincones que aún debíamos aprovisionar, así que nos fuimos de compras como quien no tiene límite de fondos y literalmente tiramos la casa por la ventana.

 

Días antes habíamos estado pillando ofertas en los prospectos informativos que venían en los periódicos o que amablemente algunos repartidores dejaban a la entrada del edificio. Llenamos los anaqueles con más artefactos eléctricos, electrodomésticos y utensilios de los que necesitamos (en el sentido literal de la palabra) y de los que seguramente alguna vez llegaremos a utilizar, pero no pudimos resistir las ofertas.

En los días venideros el piso sirvió de refugio para diversas reuniones familiares en las que gastamos más de lo que podíamos y más de lo que teníamos; pero al final siempre nos quedaba la satisfacción de una agradable velada y aunque eso no llenaba nuestros bolsillos sí que hinchaba nuestros corazones.

No escatimamos en nada, gastamos como si más dinero estuviese por entrar y como si tuviésemos suficiente para darnos tantos caprichos. Muchas de esas cosas podían esperar pero nosotros dimos rienda suelta a los antojos y equipamos por completo el piso.

 

Durante los dos meses siguientes hemos estado sufriendo las consecuencias de semejante derroche, pero hemos tirado de todo lo que hemos podido para sobrevivir y esperar que con mi nuevo empleo, pase este mal bache.

Aún quedan muchas cuentas y finanzas por organizar, pero poco a poco las cosas han ido tomando un rumbo más regular y hemos prescindido de otros caprichos de índole social y entretenimiento a la vez que siempre nos arreglamos para divertirnos aunque sólo sea entre las 4 paredes de nuestro hogar.

 

Hay quienes creen que el dinero existe para gastarlo y quienes están convencidos que de nada sirve tenerlo en una cuenta de banco que en cualquier momento podría desaparecer. Sí, desaparecer como sucede cuando uno fallece y los fondos quedan congelados o como cuando se produce alguna crisis financiera y las entidades –con ellas nuestros fondos- se van a pique.

Hay otras personas que creen que uno debe gastarlo como si tuviese suficiente para atraer más; y al final del día lo cierto es que sería ideal si lográsemos movernos hacia una sociedad que no requiriese el dinero como moneda de cambio y en la que todos pudiésemos tener acceso por igual a los recursos y a la oportunidad de dedicarnos a lo que nos gusta sin tener que hacerlo por dinero.

 

Es como hablar de un sueño inalcanzable pero lo que no tenemos en cuenta es que el consumismo y el capitalismo nos están llevando al borde de un desfiladero que está más cerca tal vez de lo que pensamos y que muchos se han dedicado a publicitar como “el fin del mundo”. No es el fin del mundo como se ha pintado tradicionalmente, sólo el fin del mundo tal y como lo conocemos y quizás esos sueños imposibles son más sencillos de lograr de lo que será el recuperarnos después de una debacle.

 

Aún en tiempos difíciles, todo es perfecto.

 
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Posted by on January 23, 2011 in estamos mal pero vamos bien

 

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