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No existe la naturaleza humana

05 Dec

El otro día en un encuentro social discutía sobre la conducta versus la naturaleza humana y mientras mi interlocutor argumentaba que hay cosas que hacemos propiamente por nuestra condición de mortales, yo le insistía en que no existía la naturaleza sino la conducta humana aprendida.

Por supuesto que debatir sobre estas cosas es equivalente a iniciar una discusión sobre religión o política; cada uno tiene su verdad, cada cual está convencido de sus propias ideas (o sólo de aquellas que le han inculcado) y cada persona defiende su punto a capa y espada sin que se consiga penetrar esa barrera de tozudez y autosugestión.

Yo objetaba que nosotros no traemos desde el nacimiento el hambre por el poder, la vanidad, el egoísmo y tantas otras actitudes que simplemente responden al entorno en el que crecemos, a la educación que recibimos, a los valores que aprendemos y al condicionamiento que nos incrustan; pero mi interlocutor afirmaba que hay una parte de esos comportamientos que está en la carga genética y que por eso sí existía la naturaleza humana.

 

A fin de cuentas es uno de esos argumentos que no tienen solución; cada uno seguirá pensando lo que piensa y tal vez alguna premisa haga que uno cambie un ápice de su propio conocimiento, pero lo cierto es que en situaciones como éstas y a menos que se tenga muy buena labia, casi nadie, casi nunca logra convencerlo a uno de otra cosa que no sea lo que nosotros ya creemos.

 

No sé qué piensan los que leen, pero el otro día viví una situación que podría ejemplificar perfectamente cómo y por qué las cosas que hacemos no son más que condicionamientos humanos que no responden a nada que se asemeje a la naturaleza (y sino piensen en por qué los humanos tendemos a la autodestrucción y somos la única raza realmente depredadora).

 

Asistí a un evento con motivo al día de la no violencia de género y después de 2 años finalmente llegó ese momento en el que me tocó, por cojones cruzarme con la más reciente ex de mi pareja. Ese tema siempre fue bastante sensible porque él le terminó a ella y ella lógicamente no se lo tomó bien. Claro que cuando ellos eran novios, él era amigo de mi hermana y aunque no era pana mío directo es cierto que coincidimos en varios eventos sociales. La chama pensó que 2 + 2 son 4 y entonces concluyó que el fin de su relación era mi culpa simplemente porque yo era la única soltera del grupo.

 

A mí la chama siempre me pareció del carajo, me caía simpática y nunca tuve ningún peo con ella, pero por supuesto eso cambió cuando ella pasó a ser la ex y yo a ser la novia. Yo entré en el plano amoroso con El Naúfrago poco después de que ellos hubiesen terminado y entonces la chama se convenció de que yo se lo había robado (como si fuese un objeto), de que me le metí por los ojos (cuando fue él quien me buscó a mí), de que él la dejaba por mí (cuando yo no tenía ni idea de lo que se avecinaba) y de que lo nuestro había comenzado mientras él estaba con ella (aunque en realidad empezó meses después).

 

Nada de lo que ella pensó era cierto pero cuando uno está encabronado uno sólo ve lo que quiere ver y sobretodo, uno nunca asume su barranco sino que siempre busca a quién echarle la culpa de las desdichas propias; vamos, que sin comérmelo ni bebérmelo yo me había convertido en la mala de la película.

 

Un tiempo después me enteré que la chama me detestaba porque me hacía responsable de lo que pasó y que le mandaba mensajitos a mi novio insultándolo por lo que le había hecho. En alguna ocasión incluso creo que lo siguió y al final del día ese peo se quedó así sin arreglo porque él no le paró bolas y ella se quedó con su arrechera gratuita.

Pero estas historias casi siempre son complicadas porque en un mundo tan pequeño siempre existen amigos en común y siempre existe la posibilidad de volverte a cruzar con algún indeseable ex (o novi@ de tu ex). Así pues vinieron de visita unos amigos en común de él y ella y yo tuve que quedarme como el calzoncillo de Batman cuando mi novio me dijo que creía que era mejor que yo no fuera a un evento con los visitantes (al que obviamente también asistiría ella) para evitar problemas.

 

El recoñísimo de su madre. En aquel momento creo que consideré seriamente dejarlo, le armé un peo de dimensiones colosales porque primero no tenía derecho a decidir por mí y segundo yo no le había hecho nada a esa caraja como para no poder asistir a un evento con los panas de mi novio sólo porque ella iba a estar allí. Si ella me odiaba era su peo y no el mío. Pero por supuesto él me argumentó que lo hacía para evitarme un mal rato y que me sintiera incómoda. F*ck that sh*t.

 

Millones de veces le dije que en algún momento coincidiríamos porque no vivo en una gran ciudad sino en un pueblo de mierda y le dije no sólo que tarde o temprano tendría que enfrentar esto sino que además yo no podía dejar de hacer mi vida o dejar de ir a los lugares sólo porque la caraja estuviese respirando y compartiendo el mismo aire que yo.

 

Pero la que me tenía arrechera era ella y además gratuita; si no se meten conmigo yo no me meto con nadie así que yo no sabía cómo podría reaccionar la caraja pero sí sabía que yo no estaba por la labor de montar un espectáculo público sólo porque la chama estuviese frustrada y me hiciese culpable del fin de su relación con él.

 

Siguieron pasando los meses y la cosa se calmó, el tema se enfrió y la vida continuó; como el tiempo de Dios es perfecto, llegó el día de la No violencia de género (muy oportuna la ocasión y la ironía de trasfondo) y apareció ella allí, en la misma marcha, a la misma hora y en el mismo espacio. Malditos sean los amigos en común.

 

Al principio cuando supe que estaba allí se me revolvió el estómago. Después pensé que no tenía motivos para sentirme así pero volví a cambiar de idea cuando empecé a observar su comportamiento. Cuando se dio cuenta de que él estaba allí, lo primero que hizo fue soltarse el cabello; acto seguido alcanzó un labial de su bolso y se lo aplicó sobre la boca. Yo no sabía si tomarlo como un acto de frivolidad o uno de seducción.

 

A todas estas, miradas furtivas iban y venían pero ninguno se dirigía hacia el otro. La marcha culminó y llegamos a una plaza en la que había montado un escenario para una obra de teatro que se presentaría justo después. Conseguimos donde sentarnos y al rato mi pareja se levanta para irse a un lado a fumar. Veo que desde el otro lado la ex está moviendo la cabeza de un lado a otro como quien intenta mirar hacia el horizonte entre un río de gente. Había llegado su momento y después de la cacería vio que él estaba solo y entonces emprendió su ataque, se desplazó desde la esquina opuesta hasta donde estaba él con la excusa de saludarlo.

 

Se saludaron y yo no hacía más que revolcarme en el asiento pero no de los celos sino de su actitud tan denigrante. Entonces me pregunté si su comportamiento podía calificarse como algo de la naturaleza humana y supe que no. Uno no nace con esa necesidad de competir a ver quién tiene más poder sobre las personas aunque admito que lo de acercarse al macho cuando no hay moros en la costa sí puede que sea algo más instintivo.  A uno le inculcan esa vaina de querer lucir más guapo cuando llega el momento de cruzarse con un ex, de echarle en cara sutilmente que uno está mejor sin él, de que vea que uno ya no lo necesita y de restregarle de lo que se está perdiendo. Pero no es más que una patraña y nuestra manera de hacernos los duros.

 

¿Por qué las mujeres (y los seres humanos) seremos así?

 

Para más ñapa yo ese día me había quedado a dormir fuera de casa de improvisto; andaba sin maquillaje, desaliñada, trasnochada y además cansada de la mudanza. No era el día para cruzarme con la ex del pana aunque sinceramente no me importó que me viera hecha la propia piltrafilla. A fin de cuentas yo no tengo esa necesidad de competir ni de estar marcando territorio; tengo las ideas muy claras y sé que hacer la finta no me va a llevar a nada.

 

Me mantuve en mi línea y más tarde llegó nuestro momento. Cuando hubo contacto visual me acerqué a saludarla, le di un abrazo sincero y la felicité por su embarazo. Ella también me respondió cariñosamente y supongo que aunque su comportamiento anterior dejó en evidencia que aún no lo ha superado del todo, al menos parece que la bronca ya no es conmigo.

 

¿Conducta o naturaleza humana?

 

Yo creo que somos perros de costumbre.

 

 

Note to self: I’m proud of myself.

 
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Posted by on December 5, 2010 in ahora sí que me arreglé yo

 

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