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Algunas cosas NO se deben contar…

02 Nov

¿Alguna vez han imaginado lo complicado que sería contar las papas fritas, los granos de arroz, las caraotas o la porción de pasta que cada uno se come?

Desde que tengo uso de razón los alimentos más demandados en casa siempre han sido racionados y repartidos a partes exageradamente equitativas entre cada comensal para que nadie se pase de vivo y para que nadie peque de pendejo. Así pues, La Sangre cuenta la comida como si fuese dinero y todo se reparte a la hora de comer para que ninguno coma ni más ni menos que los demás.

 

Por supuesto que ese no es el caso con los vegetales, granos, legumbres y demás comestibles rechazados por casi cualquiera de la familia o simplemente aquellos que no son tan solicitados; pero los que conforman otros rubros tales como las gambas, los berberechos, los mejillones, las aceitunas, los plátanos y el aguacate; por mencionar algunos, se convierten en motivo de pelea cuando llega la hora de comer si es que no son bien repartidos.

Este hábito, como la misma palabra indica, se ha convertido en una práctica común y “normal” en casa por lo que estoy acostumbrada a que la comida se cuente y se reparta. Sin embargo con los años empiezo a notar lo mucho con demasiado que me desagrada el asunto y lo terrible que me parece que en una familia los alimentos se cuenten de semejante manera.

El otro día acabó la cosa en pelea cuando se me ocurrió la brillante idea de hacer una torta que no preparaba en años y repartir un poco a los conocidos y amigos. Lo más perturbador es que había advertido a La Sangre que la torta era tanto para repartir como para la casa y lo que más arrechera me da es que con conocimiento de causa me aseguré de preparar un postre de tamaño industrial para que no hubiese peo.

Resulta que tamaña tarta no fue suficiente. Igual una se quejaba de que no repartiera más porque ya casi me había llevado 1/3 de tarta.

Me hace sentir bastante avergonzada por La Sangre aunque intento reconocer que yo no tengo la culpa aunque sí la opción de cambiar ese aspecto de mi vida. No tengo ninguna intención de continuar esa costumbre una vez que comience esta aventura y tampoco la de traspasar este hábito a mi futura descendencia cuando se me conceda la dicha de tenerla.

Cada cual que coma cuanto quiera y si el plato es muy implorado entonces se preparará en mayor cantidad. Cada cual que se atiborre con los manjares más apreciados y que no se repita nunca más tan despreciable manía.

 
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Posted by on November 2, 2010 in aquí entre nos

 

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