RSS

Llénate de esperanzas y no de expectativas

24 Oct

He aprendido que una de las reglas de la vida es pedir perdón si hacemos daño y he comprendido que precisamente porque la vida consiste en un aprendizaje constante, se hace inevitable equivocarnos. Todos cometemos errores y esencialmente eso es lo que nos hace humanos; al menos equivocarse es un indicador de que se está haciendo algo; pero como hay pocas cosas definitivas en el mundo y menos verdades absolutas que lunas azules a lo largo de una vida, ¿quién es juez para determinar lo correcto y lo incorrecto y para distinguir acierto de error?

 

Cada cual tiene su verdad y esto complica el proceso de reconocer los errores y de hacer lo necesario para repararlos. Me tomó más de tres años hacerme responsable de palabras dichas, pensamientos deliberados y acciones ejecutadas todos resultantes en daños a terceros que nunca pretendí causar y que mucho menos maquiné. Casi todas las personas se apuntan a ser partícipes de cuantas situaciones sirven para señalar a quienes nos han agraviado, pero pocas veces nos detenemos a examinar las faltas que hemos cometido nosotros a pesar de ser conscientes de que la vida no es más que ensayo y error.

Después de negarme durante tanto tiempo a pedir perdón por un error que no consideraba haber cometido y que tal vez nunca noté; llegó un buen día en el que decidí que no quería más tener cuentas pendientes -porque aunque uno tenga la conciencia tranquila siempre quedará el peso y la carga de saber que quienes más hemos amado se han sentido ofendidos aún y cuando no les hemos lastimado con intención- y por ello me atreví a enfrentar a la tirana que hay en mí y extender unas modestas disculpas a los destinatarios del agravio.

 

Me di cuenta de que mantener mi posición –de no pedir disculpas por un error del que se me señaló pero no siento que cometí- no me hacía más fuerte y tampoco hacía que los demás dejasen de considerar aquello como un error; mucho menos que dejasen de sentirse heridos. Es cierto que hay palabras que pueden seguir lastimando durante toda una vida y que incluso cuando no se guardan rencores quedará siempre la marca que nos sirva de recordatorio de aquello que una vez nos ofendió, pero durante mucho tiempo pensé que si yo tenía mi conciencia tranquila entonces era problema de los demás el que decidieran continuar ofendidos y tal vez por eso pasé de pedir disculpas; no quería hacerlo sólo por ser complaciente o por obligación.

 

Sin embargo después comprendí que la certeza de considerar que no cometí un error no significa que realmente no lo hubiese hecho y que además se hacía irrelevante ante el hecho de que de todas formas alguien se había sentido herido. Después de todo, quizás no me arrepiento tanto de lo que hice o dije como de las maneras en que fue y como de los resultados obtenidos. Pero pedir perdón y perdonar son dos de las cosas más difíciles de este mundo y yo no quería extender unas disculpas que no viniesen del corazón y que no fuesen sinceras.

 

Me tomé mi tiempo hasta que entendí que la mejor forma de demostrar que aquello para mí no se trataba de una cuestión de orgullo era precisamente acceder a ofrecer esas disculpas que poco me costaban y que seguramente harían una gran diferencia en la vida de las personas afectadas. Si todo lo que esas personas necesitaban para seguir su vida tranquilas, para recuperar su paz y para hacer su punto de que estaban en lo cierto mientras que yo estaba equivocada eran unas simples y sinceras disculpas; entonces yo sería la persona que les daría justo lo que querían.

 

 

Así pues me armé del mismo valor que una vez reuní para decir lo que me molestaba, lo que sentía y lo que pensaba, para ahora pedir que se me dispensara por el mal incurrido. Aquella noche mientras leía una revista, me topé con lo menos 4 artículos relativos al tema del perdón y entonces supe que no se trataba de una mera coincidencia. Había un mensaje muy claro allí para mí;  leí las señales y decidí que ése era el momento.

 

 

Por supuesto que ese instante estuvo antecedido por muchos meses de trabajo personal e introspección que me llevaron a entender que no pedir perdón no me haría más rica y que el hacerlo no me haría más pobre. Sabía que perdonar a alguien en realidad no significaba más que perdonarnos a nosotros mismos así que conseguí preparar un mensaje que resumía en unas pocas palabras; sin grandes discursos ni explicaciones, todo cuanto necesitaba decir en aquel momento y logré expresarlo en poco más de un minuto.

 

Para ello me serví de la técnica del Ho’oponopono, que no sólo me sonaba familiar por advertencia de La Artista sino que además esa noche también encontré en la revista. Es una técnica Hawaiana para la resolución de conflictos que si bien no haría que la relación volviese a ser como antes, al menos nos permitiría conseguir un poco de armonía personal. Lo curioso de todo el asunto y lo que ultimadamente me movió a escribir este post, fue el irrevocable abismo existente entre lo que fue la reacción de cada uno de los receptores.

 

El que podríamos clasificar como menos humilde, me lo agradeció, cómo no. También admitió que una parte de sí necesitaba escuchar lo que dije. No supo qué más decir; explicó que sentía muchas cosas, las calificó de sentimientos encontrados y terminó por admitir que mis palabras le habían traído paz (misión cumplida) y aunque hasta allí todo sonaba maravilloso, culminó clavándome la estaquita cuando dijo que esa era la Coraline que ella conoció y que ésa era su amiga.

 

Es evidente que yo ya no soy la persona que ella conoció, y que mi mensaje en absoluto pretendía sonar a la Coraline de entonces. Me repatea la gente que se empeña en vivir en el pasado y que no acepta los cambios inevitables que todos sufrimos con el tiempo. La amistad incondicional no es más que BULLSHIT porque la mayoría de la gente no termina nunca de aceptarte como realmente eres y está constantemente aferrada a la idea que tienen de lo que eres más no al hecho en sí de aceptar lo que eres y no lo que ellos quieren que seas.

 

Más me repatea el hecho de que sentí, cuando leí su respuesta, que era como si finalmente yo hubiese cumplido con su expectativa, como si durante los 3 últimos años no hizo más que sentarse a esperar a que llegara ese día segura de que sería así. Pero esto también es irrelevante porque lo que hice, lo hice por mí y sería una lástima deshacer con las manos lo que hice con los pies, pero no dejó de sentarme como una patada en el trasero. Sentí que su comentario fue como decir “ufff, por fin obtuve lo que quería, ahora sí me puedo morir en paz y tu puedes continuar en el infierno.”

 

 

Qué diferencia con quien reaccionó con lágrimas por haber removido en ella cosas que estaban enterradas, por haberle ofrecido palabras que no esperaba y que definitivamente le hicieron sentir un agradecimiento profundo que sin duda alguna supo expresar sin gran esfuerzo.

 

 

No dudo de que alguna de estas personas mereciese el mensaje que les hice llegar –es evidente que sino no se los hubiese enviado-, pero es mucho más bonito cuando incluso siendo dignos de las palabras que se nos ofrecen, asumimos una actitud más humilde sin estar constantemente esperando aquello que estamos convencidos de conseguir casi como si fuera un derecho. El problema de llenarse de expectativas es que las mismas se prestan fácilmente a la decepción puesto que cuando no obtenemos aquello que fervientemente deseamos, prevemos y de cierta manera estamos convencidos que obtendremos, acabamos sintiendo como que el mundo y la vida nos debe algo y nunca seremos realmente libres hasta satisfacer nuestros anhelos o las posibilidades “razonables” de que ciertas cosas sucedan.

 

Reacción opuesta la de llenarse de esperanzas y guardar en un recóndito rinconcito de nuestro ser la ilusión de que todo cuanto deseamos o merecemos tome lugar pero sin tener la soberbia de que debe ser así.

 

 

El perdón es un bálsamo para el alma y con esto doy por satisfecho mi karma.

 
Leave a comment

Posted by on October 24, 2010 in ahora sí que me arreglé yo

 

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

 
%d bloggers like this: