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Pleasure, Devotion and Balance

01 Oct

Hace una semana tuve la oportunidad de asistir al estreno de la versión cinematográfica del libro “Eat, Love and Pray” (Come, Reza, Ama -> autobigrafía de Elizabeth Gilbert), que ha llegado a la pantalla grande tras haber vendido más de 7 millones de copias y recibido muy buenas críticas desde su lanzamiento.

Dirigida por Ryam Murphy e interpretada por Julia Roberts y Javier Bardem, me uní a este éxodo espiritual resultado de una crisis emocional que tras un matrimonio infeliz y un divorcio traumático llevó a Liz, su protagonista, a emprender un viaje hacia la búsqueda interior y el reencuentro personal.

Recuerdo que durante una etapa de bajón emocional en mi vida (ocasionada después de una ruptura) me sentí más desorientada que nunca y en ese momento 3 personas distintas, cada una por su cuenta y sin saberlo, me recomendaron el mismo libro; pensé que aquello no era una coincidencia así que me dispuse a solicitarlo por Internet y comencé a leerlo.

El libro me atrapó desde el principio pero por esta razón, después de unos días dejé de leerlo y justo cuando supe que venía la película me emocioné al pensar que por fin podría saber el desenlace de la historia y animarme de nuevo a retomar la lectura. Es una de las muchas lecturas que tengo pendientes y que definitivamente espero terminar. Por lo pronto diré que la película me pareció bastante fiel a lo (poco) que  he leído del libro aunque por supuesto no hay que perder de vista que los libros siempre suelen ser más minuciosos y el cine limita mucho la posibilidad de incluir cada detalle y giro de la historia.

Hay una escena en particular de la película que me impactó y con la que me sentí inmensamente identificada [esta es la parte del post que te debes saltar si aún no has visto la peli] y es en la que Felipe va a ver a Ketut y al leer su mano éste le dice que aún tiene cicatrices por su divorcio (a pesar de que han pasado 10 años desde que sucedió) y que tiene miedo a que le vuelvan a romper el corazón. Felipe se queda perplejo al oír las acertadas palabras de Ketut a lo que el Chamán agrega que la única forma de superarlo es aprender a CONFIAR.

Si llevo esto al plano personal, experimenté mi propia crisis por una ruptura que en aquel momento estaba reciente. Entonces un buen día de esos, el Talentoso se me plantó en frente y me dijo que yo le gustaba. Al principio me ahorré darle la charla de cómo mi ruptura estaba demasiado reciente como para sentirme preparada para iniciar otra relación. Simplemente me di por enterada de sus sentimientos y cuando me pidió que le dijese qué pensaba yo, sólo atiné a decirle no sé si me siento igual hacia ti, pero sé que no me eres indiferente.

El se quedó conforme y sólo dejamos que las cosas fluyeran. Comenzamos a salir y a pasar tiempo juntos; unos días después hicimos la relación oficial un poco más por presión social que otra cosa. Nunca me preocupó no tener el título ni la etiqueta en la frente. Me bastaba con lo que me daba, la forma en que me trataba y la relación que manteníamos. Al final las etiquetas no son más que etiquetas que en el fondo no hacen la relación ni cambian la realidad.

Mi familia no se lo tomó nada bien, mi madre aún estaba demasiado encariñada con el Venecari y le parecía precipitado que iniciase una nueva relación. Intentó disuadirme diciéndome que me veía hecha polvo y que el Talentos no era más que un Don Juan que sólo me haría daño. Ella quería evitar que me volviesen a romper el corazón pero yo, que tampoco quería que nadie volviese a hacerlo, pensaba diferente.

Yo pensé que no iba a superar el dolor por la ruptura pasando días y noches enteras encerrada entre 4 paredes llorando. Sabía que preguntarme por qué me había hecho algo así y por qué lo nuestro había acabado no iba a aliviar mis penas ni devolverme a sus brazos. Claro que la que rompió con él fui yo y tuve mil motivos para hacerlo, pero no es lo mismo romper en desamor que romper cuando aún amas y cuando lo haces porque sabes que aunque ames, aquella relación ya no es sana.

Yo pensé que no existía una cantidad de tiempo en concreto como para que tras haber transcurrido volviese a ser el momento propicio. Mi madre decía que era demasiado pronto a lo que le dije ¿Y cuándo va a dejar de ser pronto? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que sea un buen momento? ¿Tengo que estar aquí metida un año llorando para que entonces deje de ser pronto y yo pueda volver a amar? Se quedó callada y luego replicó: Hija tú tienes razón y te admiro por tu valentía, yo no soy tan fuerte como tú.

Mi madre respetó mi decisión y no volvió a meterse. Sabía que ni ella ni mi padre estaban de acuerdo pero en aquel momento pensé que para cuando dejase de ser demasiado precipitado tal vez él ya no estaría allí y tal vez ya la oportunidad habría pasado.

Por eso decidí embarcarme en la aventura, arriesgarme y CONFIAR. Confiar en que no me hiciese daño pero sabiendo que si iba a hacerlo, yo no podría evitarlo. Confiar en que aquello me estaba ocurriendo por algo y en que él había llegado a mi vida en ese momento por alguna buena razón.

Debo confesar que al principio lo hice por no dejar, por no cerrarme la puerta sin haber entrado; yo misma pensé que aquella relación sólo era un capricho suyo y que seguramente no duraría; pero hoy, 19 meses después puedo decir que aunque no será para siempre, porque nada lo es me siento a su lado feliz y también orgullosa de mí misma por haber dado ese paso que me ahorró la miseria innecesaria y el elegir la desdicha.

Yo confié en él a pesar de que tenía miedo a que me rompiese el corazón y arriesgué todo lo que tenía. Mi corazón sigue entero y más lleno y contento que nunca; no quiere decir que siempre sea así pero por ahora sé que en ese momento tomé la decisión correcta y que hice bien en seguir mis instintos aunque todos pensaran que estaba cometiendo la mayor estupidez de mi vida.

A veces perder la cabeza por amor es parte de mantener una vida en equilibrio y la película me hizo recordar todas estas cosas y darme cuenta de que todo está en nuestra mente, de que tenemos la posibilidad de controlar nuestros pensamientos y a través de ellos nuestra vida.

Y luego cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve. Susanna Tamaro (Donde el corazón te lleve)

 
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Posted by on October 1, 2010 in todo lo demás

 

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