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La Llave de Cristal

06 Sep

Hay tres cosas que nunca podrán recuperarse: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida. (Refrán popular)

Y a la vez que me baso en esta máxima para confeccionar este post, aprovecho también para insistir en que,

Es bueno recordar … que nosotros nunca volveremos a ser exactamente como éramos, un poco porque los intereses y las necesidades de cada momento son distintas y otro poco por la influencia que ejerce en nosotros el propio conocimiento adquirido.

Nos engañamos cuando sostenemos una y otra vez que si pudiésemos volver atrás, a aquel momento y a esa situación, en vez de tomar aquella decisión que tomamos, tomaríamos esta otra. Lo cierto es que si retrocediéramos en el tiempo, y volviésemos a esa misma situación, con los mismos conocimientos de entonces y los mismos condicionantes, llegaríamos a las mismas conclusiones y tomaríamos exactamente la misma presuntamente equivocada decisión. (de Jorge Bucay en “El camino de la espiritualidad”)

No se puede “desdecir” lo que se ha dicho, ni deshacer lo que se ha hecho; al menos estas ideas las he tenido claras desde le principio y tal vez en ello radica mi resistencia a “pedir perdón” por un “presunto error” cuando en realidad entonces sólo actué en congruencia con mis principios y me ajusté LO MEJOR QUE PUDE a las circunstancias. (Ver este post)

Al menos sé que he sido sincera conmigo misma y con La Llave, puesto que nunca me he engañado convenciéndome o convenciéndole de que quizás hubiese hecho las cosas de otra manera cuando en el fondo sé que hice lo que consideré más oportuno y si me encontrase de nuevo en ese momento, con el conocimiento que tenía entonces; volvería a hacerlo así.

Pero esa ruptura todavía me atormenta y me persigue porque cada vez que cruzamos palabras es como tener un recordatorio de lo que fue, de lo que ya no es y de la irremediable incompatibilidad que se agudiza cada vez más entre La llave y yo.

Nuestro tiempo ya fue, ya pasó y ahora sólo puedo evocar aquellas palabras que El Orden me escribió una vez y desesperadamente preciso… las amistades son como los árboles… algunos vienen y van como las estaciones y otros siempre se quedan“… Cuando me lo dijo no lo entendí porque estaba cegada por la ira, pero ahora comprendo el significado y profundidad de las mismas y que fueron muy sabias sus palabras.

A través de estas líneas intento ordenar y canalizar pensamientos y sentimientos para desenredar este nudo de sensaciones y de algún modo sanar mis heridas. Cada vez que pienso que las cosas entre La Llave y yo van a ir mejor, entonces tenemos una de esas conversaciones que me recuerdan que definitivamente nuestro tiempo ya fue.

En estos días me comentaba que estaba practicando un deporte junto con una amiga que se parecía mucho a mí; no sólo físicamente sino también en su forma de caminar. Se llama igual que yo pero es mucho más talentosa en los deportes. Casi hablamos más de el personaje que de nosotras mismas y llegó un punto en el que empezó a disgustarme. “Es que es perfecta“, me decía; no sé si pretendía darme celos o hacerme sentir una cucaracha porque yo no soy ella; pero a mí lo que me dio fue tristeza; no que tratase de darme celos o insultarme; no que me restregase en la cara que ella sí es lo que yo no fui; sino que su rencor no le permitiese ver más allá de eso y que lo mejor que pudiese hacer fuese precisamente restregarme el buen reemplazo que es.

-“No digas eso vale!”, me respondió cuando irónicamente, después de haber aguantado el chaparrón, decidía jugar a su juego diciéndole precisamente que era mi perfecta sustituta.

Pero no me enganché en eso. Me preguntó si estaba enfadada. Pensé por un minuto qué contestar y entonces siguió un diálogo más o menos como éste:

Coraline: “no estoy enfadada, sólo me estoy arreglando para irme a currar”

Llave: ” para irte a qué? Yo hablo castellano”

Coraline: “no, tú hablas español, yo castellano y bueno, así aprendes nuevo vocabulario… Me estoy arreglando para irme a trabajar”

Llave: “Ahhh no mijaaaa! Esa es la gran diferencia!! Prefiero ser clara y directa”

Coraline: “Lost in translation”

Así dimos fin a esa conversación. Nunca entendí la actitud en plan “háblame en criollo malandreado y no te la des de mandarina sifrina porque no te queda“. Tampoco entendí lo de “esa es la gran diferencia, prefiero ser clara y directa“… ¿en qué parte de la conversación me perdí?

Esa es la gran diferencia, como dijo ella, pero lo es entre hablar con ella y con el resto de mis amigos venezolanos que viven Venezuela. Al menos todos más o menos me entienden cuando hablo en mi jerga canaria y lo que no entienden me lo preguntan sin tanto sarcasmo y sin tanto afán de criollismo. Especialmente porque todos sabemos que no hay cultura latina más expuesta al imperio que la venezolana por lo que es estúpido que me diga que ella habla español como si es una india y como si de esa boca jamás saliesen las típicas frasesitas norteamericanas que evidencian que ella de criolla no tiene nada. Es sólo por darme por saco. Es sólo para lucirse con su actitud de “conmigo no hablas si no es a mi manera“…

Al menos el resto de mis amigos hace un mínimo esfuerzo por intentar entender mi vocabulario castellano en vez de hacerse los graciosos obligándome a utilizar la jerga venezolana para permitirme mantener una conversación normal con ellos.

Fue como volver a experimentar el sabor agridulce que me produce el desear tanto que las cosas pudiesen volver a ser como antes y a la vez el darme tanta cuenta de que ya no somos las mismas.

Y es que la amistad es como una llave de cristal. No importa cuánto tiempo haya pasado o cuántas experiencias hayas intercambiado. No importa cuánto ames a tus amigos o lo mucho que los consideres tus hermanos. No importa cuánto lo intentes; ni cuánto les des, una vez que se rompe la llave de cristal, JAMÁS volverá a ser la misma y muchas veces ni si quiera es posible aunque sea parapetearla.

Supongo que en nuestro caso la llave se rompió en miles de millones de pedazos minúsculos que hacen RETEIMPOSIBLE enmendar el instrumento.

Me ha costado mucho redactar este post, no sólo porque es denso sino porque me afecta enormemente. He intentado organizar las ideas lo mejor que he podido, pero como cualquier post que va cargado de sentimientos; no ha sido tarea fácil el intentar ser objetiva dentro de mi subjetividad de loba herida para no desviar mi atención de lo que realmente deseo plantear a través de estas líneas.

Algunas veces la vida no da segundas oportunidades; pero otras veces somos nosotros mismos quienes nos las negamos… ¿lo creen ustedes así?

 
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Posted by on September 6, 2010 in ahora sí que me arreglé yo

 

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