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Lo que será, será

14 Aug

La oferta llegó en un momento oportuno y acepté gustosa a pesar de que no me convencía mucho lo de trabajar fin de semana. Desde entonces han pasado muchos meses y me he ido haciendo con los requerimientos del puesto, con los clientes, con las operaciones diarias; incluso con esa parte del “crisis management” que tanto me cuesta aplicar.

Con antelación suficiente supe que no era un lugar para quederme; sólo porque las políticas de empresa acentuadas por la terrible situación económica así lo dictan; todo el personal puede trabajar como máximo 12 meses porque no hay dinero para dejarlos fijos; a partir de un cierto punto dejaron de hacer a la gente indefinida y los contratos permanentes son tesoros muy difíciles de obtener en cualquier empleo estos días.

Lo acepté sin más, pensando que aún me quedaban 12 meses de curro por delante. Una parte de mí albergaba la esperanza de que desde entonces hasta que se cumpliese el año, mi desempeño pudiese darle a la empresa un motivo por el que ofrecerme algo más que la crónica de un finiquito anunciado; pero de tanto en tanto había palabras que me servían de recordatorio a lo que ya sabía;

“sigue buscando y así  tal vez puedas mandar a los ingleses a la mierda y a nosotros también”

“Yo ni que quiera te voy a poder renovar”

Una luz de esperanza empezó a destellar tras una visita de alguien importante de recursos humanos. Su estancia en la base le hizo apreciar el buen equipo de trabajo que tenemos y el buen trabajo de equipo que realizamos, me contribuyó el abogado de esta servidora y entonces supe que se habían pronunciado palabras que ansiaba escuchar “tienes un muy buen equipo y voy a intentar que tu empleada más reciente se quede“; viniendo de alguien de RRHH fueron palabras inmensamente alentadoras qué recibir.

Posteriormente se rumoreaba la posibilidad de pasar a self-handling; tarea muy dura que de seguro repercutiría fuertemente en los cimientos de la base, pero que por otro lado generaría empleo; otro rayo de luz de esperanza se encendió cuando supe la noticia puesto que tener personal entrenado sería valioso para poder iniciar la gestión de manejo propio. “Si vamos a self-handling, seguro que la empresa me necesita” pensé para mí.

Ha seguido transcurriendo el tiempo y a menos de 3 meses de que se caduque mi contrato aún no tengo ninguna certeza; ni positiva ni negativa. Sigo teninedo un pie dentro y otro fuera aunque me aterra saber que a principios de noviembre podría quedarme nuevamente sin trabajo.

Hay días en los que me invade la angustia de tan sólo de pensar que me veré nuevamente en esa situación, aunque muchos otros recuerdo que no puedo vivir así, por lo que me repito incesamentemente que lo que será, será, sin importar qué tanto o qué tan poco me agobie yo ahora.

Sólo le pido a Dios que esta crisis de los cojones acabe pronto y que me permita encontrar mi huequito en la fuerza de trabajo; un empleo en el que sentirme estable, al que aferrarme, por el que luchar, con el que sentirme realmente identificada y en el que pueda prosperar mi sentido de pertenencia.

 
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Posted by on August 14, 2010 in gajes del oficio

 

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