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Modificando la apariencia

14 May

Dice el dicho que no hay mujer fea sino mal arreglada. Hace días escribí aquí sobre cómo la ropa puede transformar a la gente de la misma manera en que hoy reconozco cómo lo hace el maquillaje. No fui yo la excepción a la tradición de que toda niña venezolana que se respete es dueña en algún momento de su vida -y juega a ser grande con al menos- un estuche de Maki Club.

La de mi historia de hoy iba acompañada de toda su familia: sus padres y su hermana menor. Llevaba tal pegoste en el rostro -ya desde esas horas de la mañana- que el potingue comenzaba a cuartearse sobre sus mejillas.

Me sorprendió mucho no sólo por su corta edad sino porque además cuando veo cosas así no puedo evitar pensar que son jóvenes que no tienen padres (en el sentido figurado de la expresión); supongo que niñas como ella son las que llegan a los 70 años de edad luciendo como unas verdaderas pasas mientras que tal vez niñas como yo puede que levantemos menos pero que nos conservemos más.

Es cierto que hoy en día existen cosméticos hipoalergénicos, sin grasa, que no obstruyen los poros, que son básicamente como hacer un acto de magia en la superficie sobre la que se apliquen, pero no dejan de ser pegostes sobre la cara cuyo uso prolongado durante horas del día eventualmente desgasta la epidermis salvajemente.

Recuerdo que cuando vivía en Venezuela y tenía más o menos la misma edad que la joven en cuestión, también salía de casa maquillada cada día -aunque no como una payasa-; no importaba si iba a la esquina a comprar el pan o si iba a clases o a trabajar; el maquillaje era parte importante del vestido diario porque si algo tenemos las venezolanas, es que vamos siempre adornadas con profusión y esmero desde la punta de los pies hasta el último de los dientes.

Pero a medida que pasa el tiempo en vez de utilizarlo más, resulta que me maquillo menos; tal vez porque radico en una sociedad que no valora la apariencia (física) tanto como la presencia (existencial). Además he descubierto lo mucho que me fastidia desmaquillarme; y he ahí una palabra clave porque fiel a mi cultura también lo primero que uno aprende en cualquier curso de modelaje -o maquillaje- es que jamás debe irse a la cama con un pegoste encima.

Así que estos días evito echarme potingues lo más que puedo porque sé que luego me da flojera quitármelos como es debido; las veces que me maquillo soy más propensa a aplicar un maquillaje sencillo -aunque eso también depende de la ocasión- sin demasiado pegoste y creo firmemente que ése realza mucho más la belleza natural que el pocotón de cosméticos que terminan muchas veces por transformarnos en lo que no somos.

Así es como nos quedamos en shock cuando por esas cosas de la vida nos cruzamos en la calle con alguna modelo o artista de la tele que va desmaquillada y nos damos cuenta de que son unos verdaderos esperpentos!

Si tan sólo estuviésemos acostumbrados a ver su encanto natural; seguramente no sentiríamos que son unos engendros perfeccionados con el milagroso maquillaje.

 
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Posted by on May 14, 2010 in todo lo demás

 

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