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No me la calo!

03 May

Como todas las cosas, mi vida de pluriempleada tiene también una cara mala y ésa la viví entre los días 16 y 26 de Abril durante los que una catástrofe natural, además de poner mi vida patas arriba y acabar con mi rutina, también se encargó de ganarme una bronca con mis jefes.

Lo cierto es que falté toda la semana al trabajo porque tenía que estar en el otro curro; libré de mañana todos los días excepto uno, pero aún así no fui a la oficina porque estaba tan exageradamente agotada que necesitaba descansar y pensé que sería una tontería irme a la oficina sabiendo que no iba a rendir. Al principio mis jefes lo comprendieron pero durante la semana entera enviaron lo menos 3 e-mails preguntándome que cuándo me reincorporaba para hacer una llamada en conferencia, a los cuales respondí reiteradamente que no lo sabía, que dependería del volcán y que ya les avisaría.

Por supuesto que ya cuando recibí el 3er correo en la misma semana preguntándome lo que ya les había contestado al menos un par de veces, pensé que ya había tenido bastante, y también comencé a creer que me estaban tomando el pelo así que les envié un e-mail en el que fui poco menos que amigable y en el que me aseguré de explicarles con pelos y señales la gravedad del asunto como para que les terminase de quedar claro.

Pero como no soy un caramelito, mi jefe no recibió bien el correo y entre otras cosas me tachó de irresponsable, de poco preocupada por lo que está ocurriendo en la empresa, de abusadora por ponerles presión al faltar al trabajo, de irrespetuosa por ser tan ruda en mi e-mail y de irónica por insinuar que ellos son estúpidos y que no habían recibido -o leído- mis correos. Por supuesto que lo malo de las comunicaciones electrónicas es que no sabemos en qué tono vienen las palabras ni con qué intención, pero aquello me sentó tan mal como mi correo a ellos.

Estaba dispuesta a aceptar que tal vez me excedí un poco (aunque no sin razón) o que tal vez no elegí las palabras adecuadas para escribir aquel correo o que quizás mi mensaje se había malinterpretado. Estaba dispuesta a que me echasen la bronca por eso, pero lo que no estuve dispuesta a tolerar es a que me acusasen injustamente de ser irresponsable, fracasada y pasota.

Por supuesto que cuando recibí ese correo de mi jefe, en el que además me ponía subrayado que yo había elegido trabajar ese pocotón de horas en el aeropuerto, quería decirle hasta del mal que se iba a morir; me dispuse a escribirle una respuesta casi literalmente mandándolo a la mierda -porque llega un punto en la vida en que uno aprende a dejarse hacer de todo menos perder su dignidad- pero afortunadamente mi debilidad consiguió hacerme entrar en razón y desistir de escribir una respuesta en caliente.

Fíjense lo irresponsable que no soy que recibí ese correo un día sábado porque soy una de las pocas pendejas en el mundo que revisa sus e-mails de empresa fuera de horas de trabajo y los fines de semana. Fíjense lo poco comprometida con la empresa que no estoy que durante los 2 últimos años jamás le he pasado a mis jefes una factura por las llamadas que he hecho desde mi móvil personal porque ellos se niegan a darme uno de empresa, eso sin mencionar que tengo más de un año sin contrato, que me acaban de recortar las horas a 12 por semana y que más de una vez he tenido que cancelar vacaciones y compromisos personales por ir a buscarlos a ellos al aeropuerto cada vez que se les antoja aparecer en la isla un día domingo. Así es muy sabroso exigir y luego acusar a la gente.

Así que me fui a currar y cuando volví me senté con calma a escribir un e-mail en el que puse los puntos sobre las íes lo más educadamente que pude pero sin guardarme nada. Con mucha paciencia le expliqué a mis jefes que me preocupo por la empresa tanto como debo e incluso más de lo necesario y que mi sentido de responsabilidad ha quedado más que demostrado durante los años que he trabajo con ellos. Les expliqué que desgraciadamente yo no tuve elección más que trabajar ese pocotón de horas me gustase o no, les volví a mencionar que esos días les trabajé desde casa a pesar de que no pude ir a su oficina, les recordé que tan pronto descubrí que lo del aeropuerto era más grave de lo que imaginaba e iba a tardar más tiempo del estimado en solventarse me aseguré de pedir mis vacaciones con ellos para esa semana a modo de no ser el “fracaso” del que me tacharon; pero por sobre todas las cosas les recalqué que soy humana.

Si dar lo mejor que puedo dar no es suficiente; entonces no hay mucho qué pensar. Llega un punto en el que ya no me importa si me quieren echar, pero yo no me calo más este chichón así que ahora a la espera de su respuesta.

 
 

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