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Cuán Efímera es La Vida

22 Jul

Iba de camino al trabajo mientras el reloj del coche marcaba poco más de las 9:00 de la mañana. Venía distraída, quizás pensando en lo que compartí ayer con mi chico, tal vez pensando en que después de eso hoy me levanté con una energía diferente, también recordando cómo muchas veces todo está en la mente, cómo hoy me sentía más positiva y cómo la vivencia de ayer me ha hecho sentir también más plena, satisfecha y feliz.

En cuestión de segundos noté que el coche de delante frenó hasta casi inmovilizarse, clavé los frenos pensando que aún con eso no llegaría a detenerme a tiempo porque con mi ausencia mental había notado la paralización del tráfico un poco tarde.

Miré el retrovisor a ver si el coche que venía detrás sí se había percatado de que el tráfico paró de repente y que a mí sin embargo no me había dado tiempo ni se me habían activado los reflejos como para encender la luz de emergencia; entonces los coches de delante se apartaron y quedé en el medio de ellos, en una autovía de 2 carriles detenida en el mero centro de la calzada mientras intentaba entender cómo es que aquellos conductores se habían abierto para que mi coche no se estampara en el culo de ninguno de ellos… Un poco más y tal vez no la cuento.

Por unos segundos intenté percatarme, inútilmente, de qué sucedía a mi alrededor. Vi un perro correr por la autovía; un policía con camiseta blanca hablando por un radio mientras caminaba por la calzada; 4 personas andando por el arcén; una policía de camiseta azul detenida en un enlace cercano viendo lo que ocurría; un coche blanco en la mediana con el intermitente derecho iluminado; lo menos 4 patrullas detenidas en lugares diferentes pero ninguna detrás, delante o cerca de aquel turismo; otros coches de policía con sus luces azules encendidas… Nada tenía sentido.

Me quedó el desconcierto de no saber lo que había ocurrido ni lo que estaba ocurriendo y el susto de sentir que una vez más había experimentado lo que calificaría como una “experiencia cercana a la muerte”, similares a otras que ya he vivido a pesar de que uno nunca piensa que esas cosas te podrían pasar, hasta que en un abrir y cerrar de ojos: simplemente te pasan. Lo de hoy no era la primera vez que lo vivía, pero cada vez que vivo algo similar sí deseo que sea la última.

Dentro de lo bizarro de aquel episodio, lo curioso es que lo primero que me vino a la cabeza fue mi amor. No estoy segura de lo que eso significa pero por una vez en mi vida en una situación como aquella no pensé en mí, ni si quiera alcancé a pensar en mi familia; sólo pensaba en que esperaba que si alguna vez me ocurriese algo, yo pudiese irme con la certeza de que él sepa lo mucho que le quiero. Ese sentimiento sí es la primera vez que lo tengo y la sensación que tuve entonces aún se me hace imposible de explicar. Sólo sé que hoy no me tocaba.

Entonces -aún perturbada- reanudé la marcha, insegura de hacia qué carril debía incorporarme. Supe una vez más lo frágiles que somos y lo efímera que es la vida.

 
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Posted by on July 22, 2009 in los milagros existen

 

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