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Incongruencias de la Burocracia

20 May

Se disponía a volar hacia Mallorca después de días de tormentosa planificación y detalles arreglados a último minuto.

Presentó su billete electrónico acompañado de su Certificado de Viajes o lo que es lo mismo, el padrón municipal emitido por el ayuntamiento  local, documentando que era residente canario a pesar de que su DNI decía lo contrario y así legitimando su derecho a recibir los descuentos de viaje pertinentes dada su condición.

En el mostrador de esta popular aerolínea le dijeron, entonces, que aquel documento no le valía puesto que no tenía fecha de caducidad. O sea que estaba vigente pero aún así no le valía… Le explicaron que debía presentar un certificado de los nuevos, de los que caducan cada 6 meses; claro que si no lo tenía siempre podía pagarse un pasaje en primera clase por un valor de aproximadamente 600€ porque eran los únicos que quedaban disponibles y si lo anterior no le era posible, entonces estaba claro que no podía volar.

Era domingo; sobre el medio día; reservas de coche y hotel hechas, reuniones concertadas; la sola idea de pensar que debía quedarse en tierra le ocasionó un bajón de azúcar; “¿Pero cómo que no puedo volar? Debe haber alguna solución. Por favor no me hagan esto que me da igual, que te pago la diferencia del billete pero tengo que volar!

Solicitó hablar con algún superior pero entonces ella fue más estricta. Le repitió lo mismo que ya el que facturaba le había comentado y se marchó.

Él trató de hacerle entender que gustosamente llamaría a su ayuntamiento para que le enviasen aquel documento si no fuese por el pequeño detalle de que era día domingo. Tras tanto insistir el chico le facturó el equipaje y le dejó volar haciendo caso omiso a lo que su supervisora había determinado. Eso sí, haciéndole una muy contundente advertencia de que si a la mañana siguiente no enviaba un fax con el certificado en cuestión, entonces tendría problemas, y no podría volar al regreso.

Episodio seguido a primera hora de la mañana lunes; llamó a su ayuntamiento y les explicó la situación. Solicitó que le enviasen el certificado por fax al hotel para él poder reenviárselo a la aerolínea; le dijeron que no había ningún problema pero, “Sepa usted que ha de pagar 2.95€ por el certificado, sino no se lo podemos enviar.

No se lo podía creer. Una vez más estuvo por la labor de intentar hacer que entrasen en razón, les explicó su situación, q estaba fuera de Canarias, que no podía pagarles 2.95€ en ese momento y que le parecía increíble que le dejasen en tierra por algo semejante. Pero las normas son las normas, además “¿no puede usted hacer una transferencia?

Esto se lo podía creer menos. De poder podía, pero necesitaba el documento para YA y no para cuando la transferencia se hiciese efectiva. De poder podía, pero era más lo que le cobrarían en comisiones que lo que sería el importe de la misma. De poder podía pero ¿de veras merece la pena hacer una transferencia por 2.95€?

Se comprometió a pagar el certificado apenas regresase a la isla, y mientras tanto consiguió que se lo enviasen.

No deja de ser una de esas anécdotas increíbles de contar y aptas para no olvidar.

 
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Posted by on May 20, 2009 in anecdotes, traveling

 

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