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Verdad Hecha Añicos

02 Jun

Hace unos días supe que un amigo al que yo considero, o en algún momento consideré, cercano (a pesar de que ese término es muy relativo) no es exactamente quien yo creía que era.

Por supuesto todos sabemos que la vida nos da sorpresas aunque a veces no las esperamos, aunque no todas las entendamos y aunque algunas de ellas ni las imaginemos. Pues esta fue una de esas sorpresas que no quiero calificar como “buena” o “mala” porque no creo que eso importe, se trata simplemente de una SORPRESA.

Además tengo que decir que es una de las sorpresas que más conmoción, asombro, confusión y desconcierto me ha causado; y es una sorpresa que me tomó unos cuantos días asimilar hasta que me he animado a escribir sobre ello.

Inconsciente o conscientemente ahí estaba él. Lo conocí por casualidad cuando me mudé al infierno grande; él era amigo de mis primas y sin haberlo si quiera elegido, nos conocimos y nos fuimos haciendo amigos. Recuerdo que la primera vez que lo vi, él sabía hasta el apellido de soltera de mi madre, sabía el nombre de mi perro; el que dejé en Venezuela antes de mudarme, y sabía tantas cosas sobre mí que por un momento pensé que me conocía sin yo saberlo, de toda la vida…

Por un tiempo creí que yo le gustaba pero al principio pasé completamente de él. Después de todo era un niño, aunque mucho más maduro que lo que su edad cronológica indicaba. Siguió pasando el tiempo y con el pasar de cada día fui descubriendo la maravillosa persona que es, lo tierno, dulce y cariñoso que es y lo entregado que es. Tiene muchas cualidades y es una de las personas más hermosas que he conocido en mi vida. Con eso bastará para describirlo.

Sólo parecía tener cualidades y los que a mí me parecían defectos no eran más que defectos que yo me inventé; como el hecho de que ya había sido novio no de una sino de dos de mis primas y no me podía imaginar ser novio de alguien que hubiese estado con ellas, y como el hecho de que SIEMPRE estaba rodeado de mujeres, quienes además parecían todas tener interés y estarse siempre peleando por conquistarle. Eso lo detestaba, como a veces también el hecho de que fuese más meloso de la cuenta; y eso es mucho decir dado que yo también soy muy melosa así que me repetía esas cosas a mí misma cada vez que se me ocurría pensar o creer que él me gustaba.

En aquel momento no tuve el valor de confesarle mis sentimientos, pues después de todo me convencí a mí misma de que era muy chico para mí, de que no podría estar con él por las razones anteriores y sobretodo de que mis padres no le aceptarían. Seguí con mi vida aunque siempre le adoré, me encantaban sus abrazos, se convirtió en mi pareja de baile predilecta y la que me llevaba cada vez que no tenía quien me acompañase a una boda o a algún cumpleaños; siempre creí que envidiaría a la mujer que se quedase con él, puesto que en mis ojos; él era todo lo que una mujer podría soñar. Sus detalles siempre me sobrepasaban.

Nuestros caminos comenzaron a apartarse a medida que íbamos creciendo y cada uno iba tomando su rumbo. Era de esos amigos que siempre estaba allí para mí a pesar de que hablásemos poco o de que no nos viésemos con frecuencia. Era de esos amigos que no cuestionaba lo que yo hacía ni me pedía explicaciones sino que simplemente confiaba en mí y me respetaba. Era de esos amigos que me invitaba a comer helados sólo porque sí, el que me acompañaba a la playa cuando nadie quería ir y al que podía pedirle favores como el que me vigilase mientras asistía a una cita a ciegas con un desconocido (sólo para asegurarme de que no me pasase nada malo) y como convertirse en mi pareja por un día para no tener que ir a una fiesta sola. Él es simplemente único y genial y siempre fue uno de los mejores amigos que jamás pude tener.

Me vine a Tenerife y ha sido poco lo que he sabido o hablado con él desde entonces. Él se ha ido a estudiar y a viajar por el mundo mientras yo sigo aquí en otro país, con otra rutina y con otra vida completamente ajena a la suya. Nuestros intereses en común parecen haber desaparecido, o al menos la mayoría de ellos; pero siempre le recuerdo en su cumple o en la época de fiestas, o cuando me doy cuenta que estoy sola y que ya no cuento con ningún amigo -geográficamente cercano- como él. Siempre le recuerdo aunque no haya ninguna razón en concreto para hacerlo; sólo porque con frecuencia, le tengo presente.

Ahora él tiene 20. En estos días vi su foto con una quinceañera, él era su pareja de baile del vals e intercambiaban unas miradas tan penetrantes, que se podían percibir a través de la tinta y del papel. Ella hizo un comentario amoroso acerca de la foto y yo pregunté si eran pareja. Ella respondió que sí. Me anime entonces a escribirle a él y le dije que esperaba que ahora entendiese que el amor no tiene edad y que le deseaba lo mejor.

También le recordé las palabras que un día me dijo cuando intenté insinuarle que le quería y él me dio a entender que 3 años era mucha diferencia de edad. En realidad nos llevamos poco más de 4, pero entonces era mejor creer que eran sólo 3.

Finalmente le confesé mis sentimientos la semana pasada, ya no se los insinué sino que se los declaré con todas las letras que tiene esa palabra, aunque le aclaré que le seguía queriendo pero ya de otra manera y no como en aquellos días. Fue entonces cuando me dijo que se sentía halagado y todas las piezas del rompecabezas se desencajaron por completo: él me respondió, y me confesó que no es pareja de esa chica, y que por lo demás es gay.

Tardé días en asimilarlo hasta que lo acepté a pesar de que todavía no lo entiendo muy bien. Apenas el viernes le respondí suplicándole que me ayudase a comprenderlo y haciéndole saber que tiene mi apoyo. Me costó mucho escribirle, no por no saber lo que quería decirle, sino por no saber cómo escoger las palabras para no equivocarme, para no herirlo y sobre todo para no sonar como una homófoba.

Aceptarlo me ha costado mucho por varias razones. Una de ellas es que jamás me imaginé que él podría ser gay. Así como me lo imaginé de otras personas porque lo hacían obvio aunque intentasen ocultarlo, él jamás me dio la mínima señal de serlo, por lo que la noticia fue realmente un balde de agua fría.

Otra razón, es la forma en que me criaron, los valores que me inculcaron y lo que mis padres y la sociedad me han hecho ver como “normal” o “natural” y los gay lamentablemente no entran en esa categoría. He crecido escuchando decir que los gay no son normales y todas estas cosas que quizás ya han quedado un poco obsoletas pero que aún siguen siendo tabú (más en algunos sitios y familias que en otros/as) y que aún se rechazan.

Toda mi vida he crecido escuchando y participando de burlas y comentarios contra los gay. Muchas veces se hace de forma inconsciente porque se ha convertido en la norma y porque se ha convertido en algo normal y que está bien hacer aún cuando estamos hablando de personas con sentimientos, pensamientos, sueños y deseos personas que no son de Marte ni que son de otra especie o raza; sino personas de carne y hueso como nosotros que merecen también el mismo respeto y gozar de los mismos derechos y deberes que los demás.

Muchos pensarán que esto no es para tanto, pero para mí; sí que lo es. Le decía a él que ahora soy adulta como para entender estas cosas y que aunque las sabía, me costaba mucho aplicarlas, pero que ahora sentía que tenía que hacerlo y que quiero comprometerme conmigo misma y que quiero hacerlo no por él sino por mí.

Había oído hablar y había tenido muchísimos conocidos gay, amigos de amigos, clientes, compañeros de trabajo, compañeros de estudio, autores de mis blogs favoritos, gente famosa de la tele…… Sin embargo es la primera vez que tengo un amigo gay; y me refiero a un amigo real, a un amigo cercano, a un amigo que me importa y a un amigo que me afecta porque en algún momento gusté de él. Quizás por eso me ha pegado tanto, porque ha sido el despertar de un sueño y el darme cuenta de que he estado fingiendo aceptarles cuando en el fondo el rechazo es algo de lo que no me puedo escapar.

Hasta ahora podía aceptar y respetar a todas esas personas porque no me afectaban directamente, porque podían ser y hacer lo que quisiesen y yo podía quererles por ello aunque yo no estuviese de acuerdo o aunque yo pensase lo que pensaba sin que eso importase. Ahora tengo que sincerarme conmigo misma; ahora tengo que cuidar mis palabras y lo que digo; ahora tengo que aprender a no burlarme de estas personas, a no verlo como algo “anormal” y a comprender que estas personas siguen siendo PERSONAS.

Es hora de cambiar el chip y espero que él me pueda ayudar a hacerlo; espero que pueda ayudarme a aclarar mis dudas para así poder entender mejor este “fenómeno” que la sociedad aún condena. Quizás no tanto aquí en España, pero en el país donde nací y en la cultura en la que me crié, sí que es así.

Finalmente le pedí disculpas por pensar, por un momento, que era un desperdicio y por creer que es cierto eso que dicen que los hombres buenos o están ya comprometidos o son gay… Me sentí la peor persona del mundo por caer en tan deprimente cliché, pero intenté decirle que quería tomarme esto como un proceso de aprendizaje en el que voy progresando y que al menos por ahora, ya no me encontraba en estado de negación.

Y entendí que sigue siendo el mismo hombre que yo conocí y del que un día me enamoré. Y entendí que siempre le querré por lo que es, aunque a veces eche de menos su inocencia y aunque a veces me duela el que la vida nos haya separado.

Y el viernes después de más de 2 años volví a escuchar su voz. Ahora más grave, pero aún igual de dulce.

 
2 Comments

Posted by on June 2, 2008 in todo lo demás

 

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2 responses to “Verdad Hecha Añicos

  1. PJ

    August 30, 2011 at 13:18

    Guau, un buen post éste. A medida que iba leyendo todo lo que pensaba comentar ya lo habías escrito. Ciertamente debe ser duro soportar ese balde de agua fría, pero se nota que por el cariño que le tienes, esa amistad soportará eso y más.

    Que tengas un buen día.

     
    • Coraline

      August 31, 2011 at 18:42

      Pablo, gracias por leerme y por comentar!!!

       

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