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04 Apr

El miércoles tenía muchas ganas de escribir pero no precisamente tiempo. Los martes y jueves son días imposibles para mí porque salgo de casa a las 8 y 30 y no regreso hasta las 22 y 30, con lo cual se me hace humanamente imposible parar por aquí.

Aunque el miércoles llegué un poco más temprano, tenía tanto que hacer que no tuve ni tiempo para ponerme a escribir y lamentablemente en ello me dio la hora de dormir. Quería aprovechar ahora que aunque estoy un poco cansada no me siento con tanto sueño.

Como comentaba antes el trabajo nuevo bien de momento aunque ya con muchas ganas de aprender todo lo que tengo que aprender y empezar de lleno con mis funciones. Sé que tengo que ser paciente e ir poco a poco y disfrutar cada pasito que doy pero lo que me pasa es que estoy acostumbrada a un ritmo de trabajo mucho más fuerte y rápido y entonces ahora con este ritmo tan pausado me da la sensación de que no estoy aprovechando el tiempo al máximo o sacándole todo el provecho que podría si estuviese trabajando a mi 100%.

Y precisamente sobre eso setrata este post, sobre ir PASO A PASO y disfrutar las etapas. No sé si a ustedes les pasa pero es un elemento que siempre ha estado presente en mi vida. Cuando era niña quería ser mayor y cuando empecé a ser mayor quería volver a ser niña.

Ahora se supone que soy una adulta y sin embargo hay días en los que no me siento como tal. Tal vez porque aunque tengo al edad hay muchos aspectos de mi vida que aún no han madurado como yo quisiera y eso en momentos me puede llegar a frustrar y bastante.

En estos días lo que me pasa es que siento que nunca lograré independizarme. Es un gran paso que tengo temor de dar, no por el hecho de irme a vivir sola (porque sé que puedo hacerlo) sino por el hecho de que no sé si estoy preparada para dejar atrás a mi familia.

Creo que eso ya lo había comentado en un post anterior pero hoy definitivamente muchas piezas encajaron y especialmente hubo una cosa que me tocó, y es que cuando venía a casa mi madre estaba hablando mientras íbamos en el coche y justamente comentó que ella sabe que yo podría vivir sola, pero que mi problema es que necesito calor humano.

Nunca mejor dicho y es que está en lo cierto. Mi problema es que soy muy de familia. Quedarme sola en casa me da pánico, y por mucho que a veces no quiera saber de mis padres o que me apetezca sentarme a ver lo que yo quiero en la tele (sin tener que ver los partidos del Barcelona de mi padre, los programas de noticia de mi madre o los programas de cotilleo de mi abuela) o comer lo que me de la gana (y no lo que haya), sé que en el fondo en el momento en que logre finalmente dar ese paso me costará mucho adaptarme al silencio de mi sala y a la soledad de mi entorno.

He estado mirando precios de pisos en Los Cristianos y de hace mucho tiempo le he estado dando vueltas a la cabeza al respecto. Hay días en los que quisiera ya irme de casa y hacer mi vida, pero luego me he puesto a pensar que cuando ese momento realmente llegue, echaré de menos lo que tengo ahora y seguramente querré volver atrás, a los domingos familiares viendo pelis con mis padres y almorzando una entrada de berberechos, los viernes en las noches cenando mejillones al vapor y el simple hecho de hacer todas esas cosas que hacemos porque forman parte de nuestra vida y porque hoy me brindan la identidad que tengo.

Esto a su vez me ha hecho pensar en que tal vez sea mejor no desesperar y ser un poco más paciente. Yo quiero todo para ya y quiero que las cosas sean a mi manera, pero a veces hay que darle tiempo al tiempo y pensaba en que tal vez me convendría tratar de disfrutar un poco más esta etapa que vivo ahora (con todo y las cosas malas que tiene y que odio o desearía cambiar) porque es un momento de mi vida que no volverá, que no se repetirá y que dejará un vacío que nada ni nadie más llenará.

Recordaba también con esto a mi amiga la negra del sur y cómo muchas veces me dice que quisiera escaparse un fin de semana sola sin su familia ni nadie. A veces a mí me provocaría hacer lo mismo pero esta semana me he puesto a pensar en ello muy detenidamente y he llegado a concluir que seguramente si lo hiciera (y con toda certeza en el momento que realmente suceda) igual no estaría feliz. Entonces echaría de menos el calor de casa, la comida de mi madre y todo lo relacionado con los miembros de mi familia, aún con sus cosas malas y aquellas de las que día sí, día no; me siento cansada de “aguantar”.

Y eso último también me hizo recapacitar acerca de todas las cosas que ellos a su vez también han de soportar de mí; y entonces entendí que precisamente se trata de esa CONVIVENCIA y de lo difícil que es vivir con otras personas y ser compatibles con ellos, adaptarnos a sus modos y aceptar sus formas por mucho que se alejen de lo que nos gusta y por poco que se acerquen a lo que nosotros somos.

Sé que en momentos me siento desesperada, pero estoy procurando detenerme un poco a mirar más dentro de mí.

 
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Posted by on April 4, 2008 in life

 

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